Cata de vinos Bodegas Robles

Beber es recordar

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Catar vino es estimular la imaginación a través de los sentidos y provocar la conversación. El vino no conversa con su etiqueta y ficha de cata, como si fuera una pieza de museo expuesta en una vitrina. El vino conversa con todos nuestros recuerdos anteriores, con nuestra experiencia sensorial vivida o imaginada. Beber es recordar. Y eso es lo que hacemos en Bodegas Robles, con nuestras catas de vino en Córdoba.

Cuando catamos un vino lo sometemos a nuestros sentidos para determinar su calidad, características, aromas y particularidades, y exponer sus impresiones. Dependiendo de si se trata de una cata profesional o una cata turística, los catadores puntuarán los vinos, o simplemente los disfrutarán orientados con un experto.

En una cata prevalecen los sentidos, como no puede ser de otro modo, del gusto y del olfato, siendo la vista, el tacto e incluso el oído la conjunción perfecta para su cata. De ahí, la importancia de realizar una cata en un espacio con una temperatura media, silencioso, aireado, iluminado y exento de olores que puedan eclipsar la degustación.

Nuestros ojos nos describen su color, transparencia, su brillo e intensidad, los matices de su pigmentación o la formación de burbujas. Cogiendo la copa por la base con el fin de no calentar el vino, podemos observar el vino a contraluz para distinguir su color, brillo, limpieza y la calidad de la burbuja en el caso de que contenga.  Para comprobar si está limpio y sin sedimentos lo colocamos delante de la luz después de agitarlo. Para comprobar su brillo podemos inclinar la copa delante de un fondo blanco y apreciar la intensidad de su color.

Con nuestra nariz, descubrimos sus aromas, si tiene frutales, tostados, herbáceos, florales o toques especiados. Es la fase más importante de una cata. En un buen vino no se deben detectar olores avinagrados, de caucho, ajo, azufres o papel. Acercamos la copa a la nariz, primero sin agitar, para distinguir sus olores primarios, y luego, moviendo la copa en torno a su eje vertical sus olores secundarios. Además, mediante este movimiento podemos apreciar las lágrimas que el vino deja en los laterales de la copa. Podemos seguir agitando la copa para liberar nuevos aromas si los tuviera.

Finalmente, a través de nuestra boca podemos distinguir si tiene toques dulces, salados, acidez o persistencia de aromas. Mediante un pequeño sorbo, el catador, mueve el vino en su boca de un lado a otro junto con la lengua, para distinguir sus sabores dulces, salados, ácidos o amargos. Las sensaciones dulces las distinguimos en la punta de la lengua. Luego se perciben las sensaciones ácidas en los laterales de la lengua, y las amargas en la parte posterior. Si mantenemos el sorbo, y tomamos aire por la boca y lo soltamos por la nariz, podemos apreciar sus aromas con mayor intensidad. También, al calentarlo en la boca podemos apreciar más aromas. Por último, se traga y se analiza los aromas y sensaciones que persisten en la boca tras ingerirlo.

En cuanto al tipo de cata, se probará el mismo vino, pero de diferentes cosechas si se trata de una cata vertical. Una cata horizontal cuando se catan diferentes vinos de la misma añada y denominación de origen. Y, por último, la cata ciega, que consiste en probar vinos sin conocer su procedencia y puntuarlos sin ninguna sugestión.

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